lunes, 15 de julio de 2019

La montaña humeante



Cuando las nubes se ponen a la altura de los humanos, los paisajes cobran un aspecto más misterioso y espectacular. Es conocido también que en las zonas montañosas se suelen desplazar según la hora del día; por la mañana bajan al fondo del valle, creando muchas veces el llamativo “mar de nubes”, y al caer la tarde ascienden las laderas para envolver crestas y cumbres. Si además sopla el aire, se desprenden girones que trepan por las peñas, separan agujas y laderas, ocultan las paredes, dando, a veces, la apariencia de fumaradas y cortinas de humo de montañas que arden. La contemplación del horizonte y sus cimas se convierte entonces en juego de ahora se ve, ahora no… siempre mirando con el rabillo del ojo nuestra ruta, atentos a que definitivamente no nos envuelvan las nieblas y se hagan invisibles los caminos.



















Fotografías realizadas el 6 de julio de 2019

jueves, 27 de junio de 2019

Caminos de agua




Cuando los humanos necesitaron trasladarse a otros territorios aprovecharon los cauces de los ríos para iniciar el camino a través de sus riberas. Eso les permitía no tener que ascender y descender montañas y, sobre todo, les garantizaba la necesaria provisión de agua para el grupo durante el periplo. No es extraño que, a lo largo de la historia, conquistas, expansiones culturales o éxodos demográficos hayan usado a menudo los caminos que dibujan los cursos de agua.
Precisamente el Ebro, que recorre gran parte de Iberia –a la que da nombre- es un gran ejemplo de cómo en distintas épocas ha sido itinerario de tránsito, especialmente en momentos claves de la historia. Recorrer su orilla, desde la sierra de Hijar de donde nacen sus aguas, de una espectacular naturaleza y gran riqueza etnográfica, hasta Valderredible donde se adentra en las tierras altas burgalesas, además de un disfrute del paisaje, es un paseo por la historia que, a poco que sepamos mirar, descubriremos a lo largo del recorrido. Asentamiento romano, refugio de los primitivos cristianos, posible vía de migración de una incipiente lengua popular aún sin escritos, lugar de gentes de gran sentimiento religioso y monjes que les animaban a la oración…





























Hay caminos también que solo lo transitaban los lugareños, que llevaban a lugares escondidos a dónde solo ellos necesitaban ir.  La ruta entre Caín y Poncebos era inicialmente un tortuoso camino que serpenteaba encaramándose por las escarpadas laderas de la garganta del Cares. A principios del Siglo XX, el aprovechamiento hidroeléctrico de las aguas del río, originó que se construyera una canal a lo largo de más de once kilómetros y con ella una senda tallada en la roca que facilitara su fabricación y posterior mantenimiento. Con los años y con el atractivo que tienen para la gente los paisajes naturales, especialmente los agrestes de los Picos de Europa, la Ruta del Cares se ha convertido en uno de los caminos más concurridos de Europa. Un paisaje espectacular, un recorrido por el interior de una estrecha garganta de farallones de roca, una senda cómoda en comparación con la primitiva ruta y un atrevido recorrido sobre los abismos de la garganta lo convierten en único, donde el agua continua su lenta labor de erosionar la caliza de los Picos de Europa.






















Fotografías realizadas en octubre y diciembre de 2018 y mayo de 2019