martes, 14 de marzo de 2017

Y al fondo… siempre el mar!




En esta tierra donde nací, de días nublados que intensifican los verdes y resoles que alegran el paisaje, siempre en la lejanía hay una línea azul. Si subes a las montañas, allá donde la nieve perdura hasta el siguiente invierno, verás valles, praderas, bosques y pueblos y, en la lejanía, una franja azul que se junta con el cielo. Cuando por las riberas sigues el curso de arroyos y ríos, dejando atrás vegas y desfiladeros, siempre caminas hacia el norte, como si la rosa de los vientos hubiera marcado tu destino,  hasta llegar a la sinuosa costa donde rompen las olas contra los cantiles en días de temporal o lamen suavemente los arenales cuando son tranquilos. Y es que siempre, al fondo, está el mar. Siempre poniendo el fondo azul para resaltar los colores del paisaje, siempre, estés donde estés, marcando el norte, decidiendo si llueve o hace sol, labrando día a día, incansable,  el precipicio que pone fin a la tierra firme y conquistando nuestra atención, con el ir y venir de espuma y salitre. 








































domingo, 5 de marzo de 2017

Hace veinticinco años


Sonó el teléfono: “¿Quieres ir a la Amazonia?” La respuesta os la podéis imaginar…
De aquello hace ya –nada mas y nada menos- que ¡25 años! Lo que no sabía al responder era que mis anhelos de conocer otros parajes fue ampliamente superados por las experiencias vividas, por lo que me enseñaron las personas que encontré, por los descubrimientos que ni imaginaba, paradójicamente del mundo al que pertenezco –el llamado primer mundo-, visto desde la realidad cotidiana de los pobladores del “tercer mundo” que me supuso una confirmación de mis temores.
Comprobé cómo, sin darnos cuenta o no queriendo saber, muchos de nuestros actos  contribuyen a que mercaderes sin escrúpulos y especuladores creen miseria aprovechándose de situaciones de ventaja, abusando de los que lo producen sus mercaderías, explotando personas y medio ambiente o, directamente, saqueando. Vi tirar desechos de petróleo en los ríos, vi las excavadoras avanzando sin miramientos asolando la selva y apoderándose de los territorios en los que han habitado los indígenas desde tiempos inmemoriales, vi la deforestación para el cultivo de palma  y la destrucción de los manglares para la cría de langostinos a costa de de dejar sin recursos a los pobladores de la zona que tenían su sustento en la pesca que les proporcionaba tan rico hábitat. Descubrí un país rico en recursos y empobrecido por multinacionales con la complicidad –siempre necesaria- de personas locales sin escrúpulos ni ética.
Entendí los aspectos mas oscuros y nefastos de un mundo global. Cómo el capricho o la moda de comer o usar un producto de esas zonas, incentivado por campañas bien orquestadas por los que se lucrarán sin ningún escrúpulo, originan que las personas que llevan usándolo tradicionalmente generación tras generación se vean privadas de ese imprescindible recurso porque se encarezca o sea totalmente absorbido por la demanda exterior.
Por el contrario, tanto en las distintas comunidades indígenas (Quichuas amazónicos, Quichuas de la Sierra, Chachis, Tsáchilas,… o en el resto de Ecuador), conocí a admirables personas, de un alto nivel ético, generosas y comprometidas con la justicia y combatientes de las desigualdades. Respetuosas para con los demás y trabajadoras por un mundo mejor para sus conciudadanos. Y, sobre todo, una vez mas, volví a comprobar cómo la gente mas humilde es la mas generosa y hospitalaria, la que comparte todo lo que posee.

Beatriz Gualinga con su nieto. Nos preparaba deliciosos menús mientras nos contaba la historia de su pueblo en Sarayacu, junto al río Bobonaza, en Pastaza, el Oriente (Amazonia)


 Niños Quichuas de Sarayacu

                       Mujeres Quichuas de Cayambe (Sierra andina)
 Grupo Quichua en Ambato

 Mujeres tejiendo en la Sierra (Imbabura)























 Indígenas Chachis de Santo Domingo de los Colorados



























Población Negra de la Costa de Esmeraldas (Borbón, desembocadura del río Cayapas)


























 Remontando el río Cayapas en la selva de Esmeraldas

Joven Tsáchila lavando en el río (Zapallo Grande)

 Mujeres Tsáchilas tejiendo cestos en plena selva de Esmeraldas


























Playa de Atacames (Costa del Pacífico)


Del siglo pasado (17)

sábado, 4 de febrero de 2017

El, ella y el infinito


Arriba, en las montañas, cerca del cielo, el horizonte es infinito. El sol del atardecer dibuja solo  una caricia. El, ella. La quietud del aire transparente invita a la contemplación, a dejarse llevar por la luz y el silencio. Sosiego y calidez. Soledad y compañía. El y ella.
































Fotografías realizadas en agosto de 2016

jueves, 3 de noviembre de 2016

Mil colores


Amaneció con niebla intensa por la costa mientras que nos dirigíamos al Asón donde el horizonte inmenso de azul no presentaba ni una nube. Y así, la niebla en la costa y el azul soleado en las alturas, permaneció todo el día.  Camino del Hoyo Saco, por encima de la cascada casi sin agua en este seco año, descubríamos como el otoño ya se manifiesta por doquier. Y es que esta estación, entre los calores del estío y los grises fríos del invierno, es, sin lugar a dudas, la estación de los mil colores. Es la época cuando la naturaleza  combina las mejores y coloristas galas y los paisajes cobran una espectacular imagen. En esta tierra norteña, que en los días nublados se dispara la cantidad de verdes, en los bosques se multiplican la variedad de tonos en los que se convierten las hojas caducas cuando ya empiezan a desnudarse los árboles y la luz suaviza las sombras. Así, saturados de otoño, dejamos atrás el bosque para recorre las lomas de brezos y roca que llevan al Colina y luego, alternando karst y praderas, volver sobre nuestros pasos al caer la tarde.



 




























Fotografías realizadas el 29 de octubre de 2016