jueves, 25 de julio de 2019

La sorprendente confianza del Rey



Sin lugar a dudas, de toda la fauna alpina, la figura del rebeco resulta la silueta más representativa de los Picos de Europa. Su habilidad para moverse por el abrupto relieve de estas montañas, descender a gran velocidad por paredes verticales, escalar a grandes saltos por pedregales y escarpados sorprende y produce una inevitable admiración. De siempre ha sido por naturaleza muy esquivo, ante la presencia humana inmediatamente salía corriendo y se alejaba rápidamente. Divisarlo siempre ha resultado difícil y contemplarlo de cerca casi imposible. Pero afortunadamente, la relación de los humanos con la naturaleza ha ido cambiando en las últimas décadas y, tras varias generaciones sin ser cazados o acosados, el Rey de Picos ya no es tan huidizo ante la presencia de montañeros. Ya, la mayoría de las veces, tras comprobar que no corre peligro, continúa pastando o tumbado refrescándose en algún nevero. Aunque más acostumbrados ya a su grata presencia, siempre su encuentro obliga a detener el paso y contemplar su elegante silueta trepando por las peñas.
Pero para mi asombro, recientemente me ha sorprendido la gran confianza que mostró con nosotros un ejemplar en el Collado de La Padiorna. Sin duda, motivado por una gran curiosidad no dudó en acercarse a observarnos mientras reponíamos fuerzas después de nuestra ascensión. Durante un rato nos observó atentamente trazando un semicírculo yendo y viniendo a unos quince metros de nosotros. Fue inevitable que captara también nuestra atención así que nos observamos mutuamente todo el tiempo con similar curiosidad. Después, serenamente se alejó un poco y se puso a comer con toda tranquilidad sin preocuparse ya de intrusos que, mochila a la espalda, son cada vez más asiduos por sus dominios, pero eso sí, solo disparando las cámaras y cazando su silueta sobre las rocas.
















Fotografías realizadas el 13 de julio de 2019

lunes, 15 de julio de 2019

La montaña humeante



Cuando las nubes se ponen a la altura de los humanos, los paisajes cobran un aspecto más misterioso y espectacular. Es conocido también que en las zonas montañosas se suelen desplazar según la hora del día; por la mañana bajan al fondo del valle, creando muchas veces el llamativo “mar de nubes”, y al caer la tarde ascienden las laderas para envolver crestas y cumbres. Si además sopla el aire, se desprenden girones que trepan por las peñas, separan agujas y laderas, ocultan las paredes, dando, a veces, la apariencia de fumaradas y cortinas de humo de montañas que arden. La contemplación del horizonte y sus cimas se convierte entonces en juego de ahora se ve, ahora no… siempre mirando con el rabillo del ojo nuestra ruta, atentos a que definitivamente no nos envuelvan las nieblas y se hagan invisibles los caminos.



















Fotografías realizadas el 6 de julio de 2019