viernes, 30 de agosto de 2019

Donde la llanura se levanta y se convierte en muralla



Desde muy lejos, mucho antes de acercarnos, desde Tierra de Campos cuando uno se dirige hacia el norte por la extensa llanura castellana, se pueden identificar algunas cumbres en el lejano horizonte. Y es que la vasta planicie se nos antoja monótona hasta que llegamos a donde se levanta y se convierte en una muralla, una barrera de cumbres y crestas a modo de inmensa fortaleza que cobija en su interior las tierras cántabras. La sierra del Brezo, en la montaña palentina, supone el fin de la llanura y el comienzo de una sucesión de montañas que, superando incluso los dos mil quinientos metros, protegen a Castilla de las influencias climatológicas y de la humedad proveniente del mar cantábrico. Desde cualquiera de sus cumbres llama poderosamente la atención el contraste del paisaje según se contemple hacia el sur o hacia el norte. Inmenso y lejano el horizonte en el primero y cercano, tortuoso y accidentado en el segundo. Al fondo, altivos y vigilantes, los Picos de Europa. Por el oeste, la muralla continua por tierras leonesas en una sucesión de ondulaciones, crestas y cimas que forman la frontera con Asturias.

(Haced click sobre las fotos para ver a mayor tamaño)


 La llanura castellana (vista sur) desde la Peña del Fraile (2.040 metros)



 Desde la Peña del Fraile (vista norte) con el Pico Espigüete y el Pico Curavacas


 Comarca de los Pantanos

 Peña Redonda desde la subida a la Peña del Fraile


 El Espigüete (2.551 metros) desde la Peña del Fraile



 Al fondo Peña Prieta y Curavacas



 Castilla (norte de Palencia) desde Peña Redonda (1.996 metros)



 Sierra de Peña Labra (con Peña Labra, Tres Mares y Cuchillón) desde Peña Redonda


 Desde la misma cumbre el Espigüete (izq.) y Curavacas (derc.)






 Pico Curavacas (2.524 metros) desde Vidrieros


  Sierra de Peña Labra


  Sierra de Peña Labra y Sierra de Hijar bajo las nubes


 Mojón de Tres Provincias y Peña Prieta




 El Espigüete y el Pico Murcia (2.349 metros) desde el Curavacas




 La inconfundible imagen caliza del Espigüete desde el Curavacas





















La silueta de roca oscura cubierta de líquenes verdosos del Curavacas desde la cima del Espigüete


 Valle de Cardaño de Arriba y al fondo, en el centro, las Agujas de Cardaño junto al Tres Provincias





 Embalse de Compuerto y Peña del Fraile


 Embalse de Camporredondo y Peña Redonda (al fondo izquierda)



 Cumbre del Espigüete desde la antecima este



 Pico Murcia y Mojón de Tres Provincias (y Peña Prieta).
 Al fondo, los tres macizos de los Picos de Europa




 Peña Prieta (izq.) y Curavacas (derc.)


 Peña redonda y Sierra del Brezo







jueves, 25 de julio de 2019

La sorprendente confianza del Rey



Sin lugar a dudas, de toda la fauna alpina, la figura del rebeco resulta la silueta más representativa de los Picos de Europa. Su habilidad para moverse por el abrupto relieve de estas montañas, descender a gran velocidad por paredes verticales, escalar a grandes saltos por pedregales y escarpados sorprende y produce una inevitable admiración. De siempre ha sido por naturaleza muy esquivo, ante la presencia humana inmediatamente salía corriendo y se alejaba rápidamente. Divisarlo siempre ha resultado difícil y contemplarlo de cerca casi imposible. Pero afortunadamente, la relación de los humanos con la naturaleza ha ido cambiando en las últimas décadas y, tras varias generaciones sin ser cazados o acosados, el Rey de Picos ya no es tan huidizo ante la presencia de montañeros. Ya, la mayoría de las veces, tras comprobar que no corre peligro, continúa pastando o tumbado refrescándose en algún nevero. Aunque más acostumbrados ya a su grata presencia, siempre su encuentro obliga a detener el paso y contemplar su elegante silueta trepando por las peñas.
Pero para mi asombro, recientemente me ha sorprendido la gran confianza que mostró con nosotros un ejemplar en el Collado de La Padiorna. Sin duda, motivado por una gran curiosidad no dudó en acercarse a observarnos mientras reponíamos fuerzas después de nuestra ascensión. Durante un rato nos observó atentamente trazando un semicírculo yendo y viniendo a unos quince metros de nosotros. Fue inevitable que captara también nuestra atención así que nos observamos mutuamente todo el tiempo con similar curiosidad. Después, serenamente se alejó un poco y se puso a comer con toda tranquilidad sin preocuparse ya de intrusos que, mochila a la espalda, son cada vez más asiduos por sus dominios, pero eso sí, solo disparando las cámaras y cazando su silueta sobre las rocas.
















Fotografías realizadas el 13 de julio de 2019

lunes, 15 de julio de 2019

La montaña humeante



Cuando las nubes se ponen a la altura de los humanos, los paisajes cobran un aspecto más misterioso y espectacular. Es conocido también que en las zonas montañosas se suelen desplazar según la hora del día; por la mañana bajan al fondo del valle, creando muchas veces el llamativo “mar de nubes”, y al caer la tarde ascienden las laderas para envolver crestas y cumbres. Si además sopla el aire, se desprenden girones que trepan por las peñas, separan agujas y laderas, ocultan las paredes, dando, a veces, la apariencia de fumaradas y cortinas de humo de montañas que arden. La contemplación del horizonte y sus cimas se convierte entonces en juego de ahora se ve, ahora no… siempre mirando con el rabillo del ojo nuestra ruta, atentos a que definitivamente no nos envuelvan las nieblas y se hagan invisibles los caminos.



















Fotografías realizadas el 6 de julio de 2019