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jueves, 28 de febrero de 2019

Estelas en la mar



¡Cuántas veces nos han venido a la cabeza los versos de Machado mientras recorríamos caminos, senderos, trochas o laderas! Muchas veces nos han recordado nuestras huellas en la nieve esos pasos que hacen el camino, los giros de los esquís como estelas en una mar blanca de invierno. Sobre esas montañas invernales que tanto disfrutamos, ahora que se cumplen ochenta años de la muerte del poeta más conocido, cómo no recordarlo, cómo no recordarnos canturreando, mochila a la espalda y sudor en la frente, las estrofas que le hicieron tan popular. Al fin y al cabo, esos versos resumen la esencia de nuestra propia vida.

























Fotografías realizadas los días 9 y 23 de febrero de 2019

sábado, 30 de septiembre de 2017

A la cumbre entre minas y escombreras


Fueron en otro tiempo los Picos de Europa paraje de pastoreo alejado de la mirada y del interés de la mayoría de los habitantes del valle, escenario de leyendas e historias fantásticas y territorio singular de caza mayor  hasta que los primeros curiosos, guiados por lugareños, descubrieron estos rincones y con ellos llegaron los primeros exploradores y geógrafos. Para cartografiar y medir la altura de los picos, se construyeron monolitos de piedra amontonada (puntos geodésicos) en algunas cumbres y para acceder más cómodamente a los “tiros” de caza se acomodaron senderos mediante muros de mampostería, de los cuales alguno se conservan todavía hoy. Se inició así la red de caminos que se adentran en esta montaña. La inquietud de los primeros aventureros por descubrir cada lugar y ampliar horizontes les llevó, cuando el alpinismo no se había inventado como tal, a escalar algunas montañas “inaccesibles” comenzando a escribirse la historia de las “primeras” y forjar la admiración de las posteriores generaciones de montañeros. Los nuevos territorios descubiertos ofrecieron inéditos recursos mineros  y pronto, en una época de gran desarrollo industrial, comenzó su exploración y con ella la construcción de abundantes caminos y la proliferación de minas e instalaciones y, con el tiempo, multitud de escombreras. No es de extrañar que el pastoreo, la caza y la minería aportan la mayoría de los topónimos de sitios, peñas y lugares de estas montañas.
Fue precisamente en el Macizo Oriental de los Picos de Europa, el de Andara, donde se desarrolló una importantísima actividad minera y donde el paisaje fue más alterado. Paisaje que hoy en día muestra por doquier abundantes restos de aquella época, que inevitablemente es obligado sortear para acceder a los extraordinarios miradores que son sus cumbres, sobre Liébana y la Cordillera Cantábrica al sur, sobre el Macizo Central al oeste, sobre el mar y  la costa asturiana  y cántabra al norte y sobre la Peñarrubia, Peña Sagra y Campoo al este. Cumbres altivas y de laderas espectaculares contempladas desde el valle, mas suaves y accesibles desde Andara, y que, aunque ya recorridas, siguen atrayendo y sorprendiendo en cada ocasión que se ascienden, como desde la cumbre del modesto Valdominguero, donde contemplar el mar y el resto de altas cumbres.































Valle del Duje y el Collado de Pandébano, detrás Peña Maín y la Sierra del Cuera, desde la cumbre     del Valdominguero
























 En primer término el pico Macondiu y zonas mineras (Andara)


Praderas de Aliva y Macizo Central



En el centro el Valle de las Moñetas y la canal de Fresnedal


























  Campos de Valdominguero























 La ruta seguida, Los Vallejucos, y el pico Grajal




























  El Valdominguero desde los Vallejucos





























Fotografías realizadas el 23 de septiembre de 2017

martes, 13 de septiembre de 2016

Volver


Algunos lugares tienen un significado especial, marcan un hito en la vida y se quedan profundamente grabados en la memoria. Otros, simplemente pasan al baúl de las experiencias y los aprendizajes personales. Así que, con el paso de los años, hay sitios a los que ya no se puede ir, las veces anteriores fueron tan intensas que es imposible, es irrepetible, ahora solo se puede volver. Volver a recordar, a rememorar –incluso con un poquito de nostalgia- y a sentir la satisfacción de llegar de nuevo hasta allí, de confirmar que existen los lugares donde nacieron los recuerdos.
Como a la Morra de Lechugales, la cima mas alta del Macizo Oriental de los Picos de Europa (2.441 m). Una de mis primeras cumbres de alta montaña a donde llegué el 20 de julio de 1975 tras haber partido desde Áliva por el Pico Cámara, el Prao Cortés y el Cortés y descendido después por la larga Canal de Lechugales al pueblo de Tanarrio y Lon. A su cima volví unos años mas tarde, en invierno, otra de esas aventuras que jamás se olvidan. El 6 de enero de 1978 salimos de los Los Llanos por Mogrovejo hasta la base de la Canal de Lechugales. Vivaqueamos en cueva Masera y al día siguiente iniciamos la ascensión, primero por roca y luego por nieve y hielo. Al caer la tarde, unas nueve horas después, llegamos a la parte alta y vivaqueamos, de nuevo, junto a la cima. El 8 de enero atravesamos todo el macizo por Ándara  para descender por Bejes hasta La Hermida.

En las proximidades de la Morra en julio del 75


                                 Vivac de Cueva Masera el Día de Reyes del 78

Iniciando la ascensión




                                 Cumbre de la Morra de Lechugales el 8 de enero de 1978

















De   nuevo en la cima, unos "añitos" mas tarde, 10 de septiembre de 2016.


Hace unos días he vuelto, precisamente por el recorrido inverso que atraviesa el macizo, el largo camino desde el Jito de Escarandi –antaño aquí no se podía llegar en coche-. Despacio, mas despacio que entonces –la mochila que llevo ahora va muy cargada de tiempos vividos- pero con mucha ilusión y –como en las otras ocasiones- buenos compañeros “de cordada”. De nuevo contemplé las otras cumbres desde la cima, la fuerte pendiente de la canal y hasta el lugar donde pasamos aquella noche de enero temerosos de que nos tapara una nevada.







 El pico Silla Caballo, tan característico, especialmente visto desde Liébana.

























La   Morra, peculiar cima que corona el Macizo Oriental.
Explanada donde realizamos el segundo vivac en enero del 78.


 Liébana y, al fondo, Alto Campoo.


 En primer término, el pico Cortés. Detrás el Prao Cortés, la ruta del verano del 75.


 El Macizo Central de los Picos de Europa, con sus impresionantes desniveles.


 El valle del Duje que separa los dos macizos. En primer término, el Escamellao.














En primer término, La Viorna y el Jano. Detrás, Bistruey, Curavacas, Peña Prieta...


 Tama, Potes y la Sierra de Peña Sagra.

























Pico Valdominguero.


 Collado del Valdominguero con el Macizo Central.




 Al fondo la Sierra de Cuera y mar Cantábrico. En primer término el Macondiu.






Fotografías realizadas el 10 de septiembre de 2016