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lunes, 7 de septiembre de 2020

Ventosa


Desde tiempos inmemoriales los lugareños bautizaron los lugares y rincones de la geografía, más que con nombres, con descripciones de cada sitio y paraje. Los montes, las colladas, las montañas, los valles, los caminos, … podemos saber cómo son por lo que dicen de ellos sus nombres. Y Peña Ventosa no es una excepción, de “vientos abundantes” y “peña” porque por estas tierras a las montañas calizas desprovistas de vegetación se las llama así. Y no es de extrañar porque se alza altiva y bien plantada entre los Picos de Europa y la Sierra de Peña Sagra, como la puerta de entrada en Liébana que cierra el Desfiladero de la Hermida, situación ideal para que reciba los aires por todos los lados. Con una gran ladera orientada al sur para que el calor del sol origine térmicas abundantes y una cara norte sombría para que contraste el aire y se mueva a menudo. Pero, cuando las abundantes nubes que provienen del norte se clavan en su cresta, parece que los vientos no son tan fuertes como para alejarlas y no impiden que se anule la visión alrededor. Así que, para contemplar desde su espectacular cumbre el Valle de Cillorigo –con Cobeña, Salarzón y San Pedro a tus pies-, Lebeña y el Desfiladero –mil metros por debajo- es mejor que en su cima sea un día ventoso y así el horizonte se extenderá hasta Peña Prieta, El Cornón de Peña Sagra, el San Carlos y el Agero del Macizo Oriental y los montes de Peñarubia.

































Fotografías realizadas el 22 de agosto de 2020

lunes, 14 de mayo de 2012

Y el Cielo bajó a la Tierra



Entre dos aguas, las del Deva y las del Nansa, donde se junta la Peña Ventosa y la Sierra de las Cuerres para iniciarse el cordal de la Sierra de Peña Sagra, está el collado de Pasaneu. A más de 1.300 metros sobre el mar para alargar el horizonte y rozar el cielo. Una charca, donde abrevan las vacas y los caballos que pastan el lugar, marca el sitio y la bifurcación que lleva a las antiguas minas de blenda que llaman de Arceón y al espectacular bosque de tejos que da fama al lugar.




Pero para llegar allá arriba por el valle de Bedoya, desde San Pedro, hay que subir por el que fuera, según cuentan las viejas crónicas, el Camino Real a Liébana, uno de los difíciles accesos a la comarca antes de construir, en 1850, el actual camino del Desfiladero de la Hermida.



Por la fuente y el puente Vao, por el Robledo, Prao Toro y el humilladero del Sagrado Corazón no cesa la pendiente hasta alcanzar Taruey y dejar atrás el frondoso bosque de hayas, robles, acebos… Una cabaña de piedra y un refugio ganadero moderno son la referencia para no confundir la ruta si, como en esta ocasión, el cielo decide bajar a la tierra y las nubes cubren el paisaje borrando los relieves y convirtiendo en siluetas a las personas.




¡Qué duro debió ser, siglos atrás, el trasiego de los carreteros por estos altos en la largas invernadas!
          (Fotografías realizadas el 12 de mayo de 2012)

viernes, 17 de junio de 2011

En el reino de las nieblas

Allá arriba, en el reino de las nieblas, habitan los seres vivos más viejos del lugar. Cuentan que han visto pasar las generaciones, cambiar el mundo, evolucionar el paisaje que les rodea y que conocen más momentos de la historia que nadie. Dicen que son la presencia viva de otros tiempos, supervivientes de épocas remotas, auténticos testigos del mundo.
 


Foto: Laro del Río




Foto: Laro del Río

 
Quisimos contemplar su rugosa piel, rendir respeto a su ancianidad, saludar humildemente su majestuosidad, e iniciamos el largo y “pindio” camino entre densos bosques de robles. Desde San Pedro, allá en la Liébana, ladera arriba, por el reino del helecho y el acebo, arriba de la ermita de San Pedro de Toja -como la dicen los del lugar- ascendiendo alto hasta donde desaparece el bosque y sobrevive solo la pradera.




Foto: Laro del Río
































 

 






















Pero no habíamos concertado cita y no fuimos recibidos. Ni las vacas que pastaban en el lugar se dejaron ver, solo sus cencerros delataron su presencia. Imposible acceder al trono de tan ilustres ancianos, imposible no perderse intentando llegar a la Braña de los Tejos. Inasequible la visita a estos árboles milenarios -dicen los que saben que se acercan a los 2000 años- que contemplan toda Cantabria desde lo alto, allá arriba en Peña Ventosa, entre el Deva y el Nansa donde comienza la sierra de Peña Sagra.




Foto: Laro del Río


Foto: Laro del Río


Foto: Laro del Río



Foto: Laro del Río



















En el reino de las nieblas, la montaña decide tus pasos seguros, solo los Ventolines tienen más poder, y no consintieron limpiar el horizonte, así que... ¡otra vez será!