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miércoles, 9 de abril de 2025

Del Urdón al Rudrón

Cuando el río  suena… ya es primavera y hay deshielo en las montañas. O también, como este invierno, han abundado las jornadas lluviosas. Sea como sea los cauces llenos coinciden con la explosión del reino vegetal en esta época del año. Los árboles se llenan de brotes y hojas verdes y las orillas de los caminos florecen en mil y un colores. Todo amenizado por la variedad de trinos de los numerosos pájaros que rompen el silencioso letargo invernal. Es época de recorrer las riberas y disfrutar de sus rincones, especialmente si la inestabilidad meteorológica propia de la época nos asegura mal tiempo o fuertes vientos en las alturas. Recorridos bañados por aguas cristalinas como las del rio Urdón nacidas de los Picos de Europa, serenas como las del Nansa en su recorrido de Peña Sagra a Tina Menor o las del Ebro y el Rudrón tallando los espectaculares cañones por las Loras burgalesas.














Fotografias realizadas en marzo y abril de 2025

martes, 28 de noviembre de 2017

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Escudriñando el perfil del horizonte


Desde los altos de Arnedo, cerca de las ruinas de La Florida, poblado abandonado en el siglo XX por el cambio de ubicación de las labores mineras, se contempla el valle del Nansa. Río encajado entre las  montañas campurrianas, que hacen llamar Braña Vieja, y la sierra de más digna de veneración, la Peña Sagra, sus aguas, retenidas arriba, en La Cohílla, cuando apenas es un arroyo, generan energía en la sucesión de “saltos” que llevan su nombre y riegan las praderas donde pastan vacas, ovejas y cabras y que fueran habitadas desde que los hogares eran cuevas, como ha quedado grabado en Micolón y Chufín, y se cazaba con flechas por Tres Peñas y los Picos de Ozalba.

Desde Arnedo cuando el aire es trasparente como éste día que por aquí nos acercamos, también se ve el paisaje calizo que dejó la deforestación, distinguiendo fácilmente los Picos de Europa, los Macizos Oriental y Central, con las cumbres de El Samelar o El Urriello, y las montañas de Lamasón y Peñarubia y su máxima altura en el Gamonal.  







Por la tarde, de regreso a la costa, nos acercamos a San Vicente de la Barquera, villa marinera que siempre uno desea pasear. Como la marea se llevó las aguas, sus barcos se recostan en la arena a la espera que regrese el mar. Cae la tarde y el cielo se tiñe de fuego, entonces las nubes encienden el agua por La Maza o Brazo Mayor. Es justo ese momento entre el día y la noche  cuando el aire se queda en calma, el paisaje nos hipnotiza y nos quedamos largo rato escudriñando el perfil del horizonte.


Cuando por fin volvemos la mirada, la noche comienza a rodearnos y las farolas ya se disponen a iluminar nuestros pasos.

Fotos realizadas el 22 de diciembre de 2012


lunes, 14 de mayo de 2012

Y el Cielo bajó a la Tierra



Entre dos aguas, las del Deva y las del Nansa, donde se junta la Peña Ventosa y la Sierra de las Cuerres para iniciarse el cordal de la Sierra de Peña Sagra, está el collado de Pasaneu. A más de 1.300 metros sobre el mar para alargar el horizonte y rozar el cielo. Una charca, donde abrevan las vacas y los caballos que pastan el lugar, marca el sitio y la bifurcación que lleva a las antiguas minas de blenda que llaman de Arceón y al espectacular bosque de tejos que da fama al lugar.




Pero para llegar allá arriba por el valle de Bedoya, desde San Pedro, hay que subir por el que fuera, según cuentan las viejas crónicas, el Camino Real a Liébana, uno de los difíciles accesos a la comarca antes de construir, en 1850, el actual camino del Desfiladero de la Hermida.



Por la fuente y el puente Vao, por el Robledo, Prao Toro y el humilladero del Sagrado Corazón no cesa la pendiente hasta alcanzar Taruey y dejar atrás el frondoso bosque de hayas, robles, acebos… Una cabaña de piedra y un refugio ganadero moderno son la referencia para no confundir la ruta si, como en esta ocasión, el cielo decide bajar a la tierra y las nubes cubren el paisaje borrando los relieves y convirtiendo en siluetas a las personas.




¡Qué duro debió ser, siglos atrás, el trasiego de los carreteros por estos altos en la largas invernadas!
          (Fotografías realizadas el 12 de mayo de 2012)