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sábado, 22 de marzo de 2014

Por las agüeras




Adriano García Lomas decía en su obra El lenguaje popular de la Cantabria montañesa que agüeras son las orillas de los ríos. No es de extrañar que llamen Las Agüeras a la ruta que partiendo del Desfiladero de la Hermida, el que une la costa cantábrica con Liébana, transcurre junto a los cursos de cuatro ríos: la Riega de Cicera , la Riega de Santa Catalina, el río Navedo, que se despeñan desde Peñarubia, y el Deva que recoge sus aguas.
 
                                      Ascenso por el barranco de la Riega de Cicera












 
 
Por viejos caminos, en parte empedrados, se asciende  a los pueblos Peñarruscos de Cicera, Piñeres y Navedo rodeando la Pica de las Puertas con el extenso hayedo  de Santa Catalina por un lado y los precipicios calizos por el otro. En su cima se encuentran un mirador, literalmente colgado encima del desfiladero, y los restos del  Castillo de Piñeres, del Siglo VIII, llamado por los lugareños La Bolera de los Moros, sin duda por la forma rectangular de sus muros.
 
                     Cicera. En primer término, la canal que abastecía de agua al viejo molino





                                                                       Cicera


   Junto a la ermita Santa Catalina, cruce entre Piñeres y Cicera, desvío a la Bolera de los Moros


                 Carretera asfaltada al mirador junto a la que discurre un camino paralelo


            Impresionante hayedo de Santa Catalina. También tiene presencia de robles, acebos...





    Desfiladero de la Hermida desde el mirador. Se aprecia el río Deva y la carretera a Liébana


                                   Barranco de la Riega de Cicera y camino de la ascensión


                                                              Carretera y río Deva


                                           Valle de Lebeña y estribaciones del Pico La Ventosa
 
Tanto la Riega de Cicera como el Navedo son una sucesión de cascadas y pozas encajadas entre paredes de roca y ambos están equipados para el descenso de cañones. Aún conservan las construcciones de sus viejos molinos y la fábrica de luz que aprovechaban en otros tiempos la fuerza de sus corrientes.  
 







 
 
Descenso por el barranco del río Navedo




 
 
 
Fotografías realizadas el 15 de marzo de 2014
 
 
 

lunes, 14 de mayo de 2012

Y el Cielo bajó a la Tierra



Entre dos aguas, las del Deva y las del Nansa, donde se junta la Peña Ventosa y la Sierra de las Cuerres para iniciarse el cordal de la Sierra de Peña Sagra, está el collado de Pasaneu. A más de 1.300 metros sobre el mar para alargar el horizonte y rozar el cielo. Una charca, donde abrevan las vacas y los caballos que pastan el lugar, marca el sitio y la bifurcación que lleva a las antiguas minas de blenda que llaman de Arceón y al espectacular bosque de tejos que da fama al lugar.




Pero para llegar allá arriba por el valle de Bedoya, desde San Pedro, hay que subir por el que fuera, según cuentan las viejas crónicas, el Camino Real a Liébana, uno de los difíciles accesos a la comarca antes de construir, en 1850, el actual camino del Desfiladero de la Hermida.



Por la fuente y el puente Vao, por el Robledo, Prao Toro y el humilladero del Sagrado Corazón no cesa la pendiente hasta alcanzar Taruey y dejar atrás el frondoso bosque de hayas, robles, acebos… Una cabaña de piedra y un refugio ganadero moderno son la referencia para no confundir la ruta si, como en esta ocasión, el cielo decide bajar a la tierra y las nubes cubren el paisaje borrando los relieves y convirtiendo en siluetas a las personas.




¡Qué duro debió ser, siglos atrás, el trasiego de los carreteros por estos altos en la largas invernadas!
          (Fotografías realizadas el 12 de mayo de 2012)