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martes, 26 de marzo de 2024

También la lluvia

Es el título de una bonita película de Iciar Bollaín, pero no deja de ser uno de los elementos que hacen del paisaje de mi tierra un universo de verdes y frescor. Ya sabemos que el sol es vida, pero últimamente durante muchos días mirábamos al cielo con la esperanza de que las nubes nos proporcionaran  el agua que alimentara nuestros arroyos y ríos para que tierra, flora, fauna y humanos no llegáramos a tened sed en el estío. Y es que el agua, tan vital y deseada cuando escasea,  convierte además muchos rincones en paraísos para el disfrute y la relajación, proporciona formas de vida fuera de las grandes urbes, esculpe el paisaje y el subsuelo y nos hace sentir aliviados cuando cumple su ciclo natural. Por fin, también la lluvia acudió a su cita.
















Fotografías realizadas en febrero y marzo de 2024

miércoles, 26 de abril de 2017

¡Ayuda, compañero, ayuda!


“¡Ayuda, compañero, ayuda!..., gritaban algunos caídos con heridas leves pero que no podían caminar. ¡Y yo no podía hacer nada! ¡Imposible echarles una mano! A otros les iban abatiendo hasta prácticamente aniquilar toda la compañía. El fuego de la artillería al que nos sometieron era intenso ¡Imposible ayudar a nadie! ¡No sé como conseguí salir vivo de allí! ¡Casi todos cayeron!”
Sin poder contener las lágrimas, como si hubiera ocurrido ayer, así contaba José Herrera cincuenta años después lo que vivió en el frente de Bricia. Se le apagaba la voz y se emocionaba cada vez que revivía aquel día, mucho mas incluso que cuando recordaba la marca que le dejó en el capote, de lado a lado de la espalda, aquella bala justo en el momento de girarse para gritar ¡adelante! Era, sin duda, la que apuntaba certeramente a su pecho.

Y es que, por Bricia y Carrales, hasta la Sierra de Hijar, se extendía la línea de defensa de la Provincia de Santander del ejército gubernamental republicano y donde iniciaron la ofensiva del frente norte las tropas del Corpo Truppe Volontarie italiano (Cuerpo de Tropas Voluntarias), aliados del ejercito sublevado durante la Guerra Civil.
Concretamente por la zona de Bricia atacaron el C.T.V. apoyados por la mitad de la 1ª brigada de Castilla. Defendían la 48ª y 49ª división del XIV cuerpo de ejército y la 52ª del XV. Los bombardeos de la aviación y el fuego de la artillería fue tan intenso que aniquilaron la línea defensiva en aquella dramática jornada del 14 de agosto de 1937.

Varios pueblos ardiendo dejó atrás José en su retirada a pie por Socillo y Cabañas de Virtus en dirección a las Hoces de Bárcena, por donde hoy se extiende el Pantano del Ebro. Andando regresó derrotado a su casa de Azoños donde esperaba su mujer y su hija de solo tres años.
Volvía a emocionarse al recordar cómo, con los pies hinchados decidió caminar descalzo y “una mujeruca de Bárcena de Pié de Concha”, se compadeció al verle así y le dijo: “-miliciano, espera- y me dio unas alpargatas de su marido”- rememoraba cariñosamente.


El pasado invierno ascendí al monte Tureña cubierto de nieve y descubrí una geografía espectacular, pero no me imaginaba que debajo de aquel manto blanco permanecían aún los restos de trincheras y parapetos donde mi abuelo vivió aquellos momentos. Recientemente he vuelto a esta montaña y reconocí los ruinas de muros con troneras y el zigzag de las trincheras. Casual y perturbador descubrimiento. Ochenta años después de aquellos sangrientos combates, sentí como se me encogía el corazón cuando descubrí que pisaba donde tantos dieron su vida en una maldita guerra y recordé como se le llenaban de lágrimas los ojos a mi abuelo cada vez que lo recordaba.




















lunes, 30 de noviembre de 2015

Estacas de madera blanca


Estaba el valle vestido de tul, como una novia arregladita para la boda, en un lento y perezoso despertar festivo,  mientras, en lo alto, el cielo resplandecía luminoso y azul. El aire de la mañana, limpio y transparente, nos descubría siluetas lejanas. Los montes dibujaban horizontes color pastel y sinuosas curvas en un inmenso mar de nieblas.
Grandioso escenario donde ir en busca del horizonte del mar, lejano y nítido, y el perfil de la costa recortado en las olas. Donde casi tocar –y contar- las cimas mas altas antes que se cubran de nubes y las nieves las engalanen de blanco y se desencadenen ventiscas y fríos.

Sobre los brezos verdes, morados y ocres, sombras alargadas dibujan trazos negros, estacas de madera blanca encadenadas con alambre de espino que pretenden inútilmente poner límites al paisaje por donde van y vienen corzos y rebecos.








 Collado de Rumaceo y glaciar de Proaño



 A la izquierda el Castro Valnera y la montaña pasiega
 A la dercha el Pantano del Ebro, Reinosa y Campóo


 Crestería desde el Porracolina al Castro Valnera, debajo de este el Pico Jano y embalse de Alsa



 De izquierda a derecha: los Picos de Europa, Helguera, Cornón de Peña Sagra y Cueto de la Concilla



 En primer término, pico Cordel y Cueto Iján. A su izquierda, el Cuchillón y el Pico Tres Mares
 Debajo de el Cuchillón: Braña Vieja con el poblado de la estación de esquí




 Brañas de Sejos



















Y al caer la tarde, como despedida, el cielo nos ofreció  los colores cálidos del atardecer y desde lo alto del horizonte el rey del lugar dejó ver su altiva silueta mientras contemplaba que al irnos dejábamos todo su territorio en silencio e  inalterado.








(Haced clic con el ratón en las fotos para verlas a tamaño mas grande)
           
Fotografías realizadas el 14 de noviembre de 2015