lunes, 9 de diciembre de 2013

Pujayo arriba



Después de un mes de nublados y lluvias casi a diario, se abrieron los cielos por fin y el firmamento lució azul. Se había confabulado el sol con las nevadas recientes para alegrar el paisaje, para dar brillo a las cumbres y resaltar mas el blanco de las montañas y el verde de los valles.




Acertamos pues, cuando decidimos echarnos la mochila a la espalda y encaramarnos a las crestas de la Reserva del Saja-Besaya, Pujayo arriba. Aunque el bosque solo nos obsequió con su aspecto aletargado, propio de la época, el día aparentó veraniego por luminoso y agradable. En el nevado Obios (superada la altitud de los 1100 metros) el alto Besaya mostraba las infraestructuras de comunicación que a lo largo de la historia han discurrido por este valle estratégico: Calzada romana, Camino Real, ferrocarril Alar-Santander, Carretera Nacional y la Autovía de la Meseta. Hacia el este, en suave recorrido, alcanzamos la cima del Navajos, con el valle de Iguña a sus pies, antes de iniciar el descenso ya cayendo la tarde.
 
 Pujayo








           Bárcena de Pie de Concha. Al fondo, el Castro Valnera




    Sierra de Peña Sagra



De izquierda a derecha:
Porracolina, Pizarras y Veinte (con nubes); el Picón del Fraile (con el radar), Pico La Miel, Castro Valnera, Cubada Grande y La Capía. Más próximo: Cordal de Espina de Gállego y Cildá





   De izquierda a derecha: Piquiliguardi, Cordel, Iján y La Tabla (Alto Campoo)



 Al fondo, el Puerto del Escudo y el Pantano del Ebro


                


  Valle de Iguña. Al fondo se aprecia La Picota y el Cuco






Cueto de La Concilla (Sejos) y Sierra de Peña Sagra


Fotos realizadas el 6 de diciembre de 2013

viernes, 29 de noviembre de 2013

A dos velas


Una mañana cualquiera en Puertochico, con lluvia o con sol, aprovechando el viento en la bahía santanderina.









lunes, 25 de noviembre de 2013

Entretinieblas

Amaneceres de nieblas, anuncio de días luminosos, de jornadas soleadas que alegran el espíritu.






Atardeceres de brumas, presagio de noches de tinieblas y soledades. 




domingo, 10 de noviembre de 2013

Un alejado rincón... amenazado


Desde Pandillo, último rincón de los Valles Pasiegos, rodeado de las espectaculares pendientes en las estribaciones del Castro Valnera, se accede al Cerro de la Vara y Colina, una de las zonas menos conocidas y más representativas de la orografía pasiega.







Desde allí, se observa con claridad cómo el hombre ha trasformado el paisaje para un mejor aprovechamiento de sus recursos destinados a la obtención de pastos. Inmensas laderas herbáceas, casi verticales, que el viento peina y que rebaños de ovejas y vacas  aprovechan cuando se retiran las nieves. En las praderas de Ruyemas, a golpe de vista, se aprecian las señales de las antiguas lenguas glaciares, ya trasformadas por el tiempo y cubiertas de abundante hierba, las separaciones de prados con  muros o, incluso, el amontonamiento de piedras para limpiar las praderas. La masa arbórea sólo ocupa las pendientes inaccesibles, las lindes o la orilla de los arroyos. Encima de las praderas, durante la época del deshielo, una sucesión de cascadas dan un toque espectacular a las paredes que rodean el circo glaciar. Todo esto salpicado aquí y allá de cabañas de original arquitectura pasiega que aprovecha sabiamente la inclinación del terreno, donde ganado y personas conviven en verano para bajar a la casa vividora del valle en el invierno. Así cada año, manteniendo "la muda” como costumbre ancestral de trashumancia.

















Fotos realizadas el 26 de octubre de 2013