jueves, 19 de mayo de 2011

De pueblo en pueblo

Silenciosos, inmóviles y apretados, de cartón, de madera, de tela, de hilos, de dedos, en maletas o en baúles,… ya viajan por todo el país los mil personajes de las historias que de plaza en plaza y de pueblo en pueblo representan los titiriteros. Con cien acentos, mil historias y mucho arte para compartir, para asombrar, enternecer y emocionar, para los grandes y los peques, para los niños con imaginación y los adultos con alma de niño.








































Si cualquier día es un acierto dar un paseo por Santillana del Mar, disfrutar de su belleza, degustar un chocolate con churros o pan frito; con pasacalles y representaciones de títeres lo hace especialmente atractivo e ineludible. Los tres años anteriores, la villa nos obsequió con una programación de gran nivel y acogió a un nutrido público que disfrutó de las variadas propuestas.




Hoy ya está confeccionada la programación del IV Festival Internacional de Títeres de Santillana del Mar, el “Bisóntere” de éste año, con más compañías y más actuaciones. Será los días 27, 28 y 29 de mayo con artistas de Argentina, Francia, Holanda, Cuba, Kenia, Dinamarca y españolas que realizarán varios pases de sus obras en los ocho escenarios repartidos por la villa todas ellas gratuitas: www.bisontere.es



 
















                         


Compañía Tanxarina de Galicia
(la obra de las fotos no corresponde con la que presentarán en Bisontere)

















Desde la mañana del viernes hasta las 14 horas del domingo se sucederán, para todos los públicos, las actuaciones en el Colegio Santa Juliana, en la calle Santo Domingo, en la Colegiata, en la Plaza Mayor, en el Mueso Jesús Otero, en el Parador Santillana y en el Palacio Caja Cantabria.
 






Compañía Titiriteros de Binefar
(la obra de las fotos no corresponde con la que presentarán en Bisontere)



domingo, 15 de mayo de 2011

A la orilluca del...

Cualquier ribera, especialmente en días nublados, es un derroche infinito de tonalidades verdes. Y ahora que apenas hace dos semanas que han eclosionado las hojas de todas las plantas caducas, internarse por las orillas de los ríos es penetrar un hábitat rebosante.








































Hacerlo por el Nansa no lo es menos, aunque posiblemente sí lo sea más fácil que por otros cauces, sobre todo si lo hacemos por una senda marcada y equipada. Desde Muñorodero, ya muy cerquita de Tina Menor, su espectacular desembocadura, hasta la central eléctrica de Camijanes, encajonada en uno de los estrechamientos que atraviesa el río, es un cómodo recorrido para realizar en cualquier época del año. Muy recomendable, además, para hacer en los calurosos días de estío.
 
 





































Accesible para todas las edades, el camino acompaña todo el tiempo el cauce, y el equipamiento con que se ha dotado la senda, permite esquivar fácilmente y con seguridad las zonas más delicadas del trayecto. Ya no tenemos disculpa para conocer los interesantes hábitat de los cursos fluviales, su rica vegetación de ribera, indispensable para mantener la biodiversidad, y pasar una jornada amenizada por el rumor de las aguas en su continuo descenso desde Peña Sagra y Tres Mares hasta Pesués. Quizá, si nos fijamos bien, hasta podamos ver un salmón remontando el curso para desovar en las zonas altas.















 







































De paso descubriremos rincones de este valle,
su aprovechamiento hidráulico desde tiempo inmemorial
-ferrerías-, o más reciente –hidroeléctrico- y como la ganadería, antaño principalmente láctea, ha cambiado a la actual para carne, o la caballar, ovina,…





sábado, 7 de mayo de 2011

En la casa de Pedreña

Fue a principios de abril de 2008. Llegamos a su casa por la mañana y nos recibió con las katiuskas puestas y con ropa de trabajo. Se afanaba en el jardín.  Pronto, ya duchado y cambiado nos enseñaba las maravillosas vistas de su casa, en lo alto de su pueblo natal, sobre la Ría del Cubas y el Golf de Pedreña.
Precisamente, había sido en el Campo de Golf de Pedreña donde  varias veces había entrevistado anteriormente a Severiano Ballesteros. Alguna vez había sugerido para las grabaciones su lugar favorito del campo, arriba, creo que es en el hoyo 14, desde donde se divisan unas fabulosas vistas de Santander y la Bahía. Incluso recuerdo, en una de las ocasiones en la que había acudido solo para una breve declaración a propósito de los premios Príncipe de Asturias, y  mientras caminábamos hasta ese lugar, haber ido compartiendo inquietudes sobre los hijos, cómo van creciendo, su formación,.. En fin, cosas de padres…
Pero esa mañana de abril, en la que Severiano nos abrió las puertas de su hogar, del cuarto de los trofeos, nos mostró sus distinciones y hasta se puso para la cámara la Chaqueta Verde ganada en el Masters de Augusta, interrumpió la grabación un hecho al que entonces no presté atención por su aparente intranscendencia. En su gimnasio nos comentaba cómo seguía manteniéndose en forma y, de pronto, se tuvo que disculpar unos instantes para ir a tomarse un analgésico para un dolor de cabeza. Unos instantes después continuábamos la entrevista en el salón.
No sé si aquella indisposición fue casualidad o tenía ya que ver con la dolencia que, apenas seis meses después, obligara a la hospitalización de Ballesteros y sus intervenciones quirúrgicas. Pero cuando saltó la noticia, en octubre, yo me acordé, inevitablemente, de aquel inoportuno dolor de cabeza y que desde entonces, lamentablemente, no he tenido ocasión de entrevistarle de nuevo.
Fue en la casa de Pedreña.

Campanos y gaitas

El celaje amenazaba lluvia cuando empezó la danza. Las nubes oscuras ponían un decorado más dramático hasta que… empezó a jarrear. Los Zarramacos, el Zorromoco, La Pepa y, hasta La Madama  danzaban y danzaban. Llovía intensamente. De vez en cuando, un ratito, alguno se detenía, empapado, a descansar en la carpa. Una amable azafata repartió un chupito de orujo con miel a los que desesperadamente allí se refugiaban del chaparrón. Mojadura y orujo. Afuera la danza seguía. Silió.




 
  




–“Llueve como en tu pueblo…”
Pero el sonido no decreció. La danza que lo provocaba seguía rítmica y ritual, en círculo, rodeada de lugareños y visitantes abstraídos y sorprendidos. Resonaban los campanos  más allá de Rossio, por la subida al Carmo, por la Travessa de Santana y  desde Restauradores hasta la rua Augusta. Lisboa



Dejó de llover. La plaza recobró su luminosidad. La fiesta del norte continuó.
El bombo marcaba el ritmo y las gaitas extendían la melodía. La pandereta, inquieta y dicharachera, jugaba con el público. Lugareños absortos y turistas con cámaras de fotos. Aires del norte junto al Tajo. Entre canción y canción traguito de la bota de vino. Al fondo el elevador de Santa Justa, en el centro de la plaza los de Cabezón de la Sal.









Lisboa se puso la máscara Vijanera.  A Pedro IV le rondaron las gaitas.
Mi Lisboa (y 4)