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lunes, 5 de septiembre de 2016

Explorar… descubrir


Viajar es explorar, empaparse de los lugares, del paisaje y el paisanaje, a veces incluso –a diferencia del turista- prescindiendo de lugares populosos que aparecen en todas las guías.  Lisboa es territorio para explorar, ciudad paseable donde las haya, que ofrece siempre nuevos lugares, que permite, una y otra vez, nuevos y agradables descubrimientos. Y es que, entre calle y calle, por las “calçadas” y los “becos”, puede perderse el viajero en amenos paseos y sugestivos descubrimientos.
Pero Lisboa es también música. Además de un extenso programa público y privado casi diario, aquí y allá se encuentra músicos ofreciendo lo mejor de su arte por la voluntad o unas guitarras portuguesas junto con un cantante de fados atrayendo a clientes hacia la terraza donde cenar. Por eso, cuando te pierdes por sus calles, a veces terminas siguiendo las notas que oyes tras una esquina y, sin querer –afortunadamente-, mezclándote con lugareños en un escenario popular –“palco” que se dice en portugués- como el que tiene la asociación “Mouradia” y donde actuaba la cantante y compositora brasileña Jord Guedes.
Conciertos gratuitos – o por lo que cuesta una cervecita que el ambiente te anima a tomar- donde hacer nuevos descubrimientos como los buenísimos músicos cubanos de “Havana Way”. Marchosos ritmos cubanos interpretados por Yanier Martines (bongós y voz), Víctor Zamora (teclado) y Leo Espinoza (tocando el bajo con una mano y la percusión con la otra) con improvisaciones de jazz como cuando -de entre el público- invitaron a acompañarles al músico portugués Salvador Sobral.
Pero no hay buen menú sin el remate de un gran postre y esta visita a la “Ciudad de la Luz” lo tuvo, aunque de noche, en el Terreiro do Paço –Praza do Comerço- disfrutando con la Orquesta Gulbenkian, dirigida por Jean-Marc Burfin y el pianista Mario Laginha, interpretando –entre otras piezas- Rhapsody in Blue ante una multitud silenciosa.















Fotografías realizadas en septiembre de 2016

sábado, 7 de mayo de 2011

Campanos y gaitas

El celaje amenazaba lluvia cuando empezó la danza. Las nubes oscuras ponían un decorado más dramático hasta que… empezó a jarrear. Los Zarramacos, el Zorromoco, La Pepa y, hasta La Madama  danzaban y danzaban. Llovía intensamente. De vez en cuando, un ratito, alguno se detenía, empapado, a descansar en la carpa. Una amable azafata repartió un chupito de orujo con miel a los que desesperadamente allí se refugiaban del chaparrón. Mojadura y orujo. Afuera la danza seguía. Silió.




 
  




–“Llueve como en tu pueblo…”
Pero el sonido no decreció. La danza que lo provocaba seguía rítmica y ritual, en círculo, rodeada de lugareños y visitantes abstraídos y sorprendidos. Resonaban los campanos  más allá de Rossio, por la subida al Carmo, por la Travessa de Santana y  desde Restauradores hasta la rua Augusta. Lisboa



Dejó de llover. La plaza recobró su luminosidad. La fiesta del norte continuó.
El bombo marcaba el ritmo y las gaitas extendían la melodía. La pandereta, inquieta y dicharachera, jugaba con el público. Lugareños absortos y turistas con cámaras de fotos. Aires del norte junto al Tajo. Entre canción y canción traguito de la bota de vino. Al fondo el elevador de Santa Justa, en el centro de la plaza los de Cabezón de la Sal.









Lisboa se puso la máscara Vijanera.  A Pedro IV le rondaron las gaitas.
Mi Lisboa (y 4)

jueves, 5 de mayo de 2011

Tendales y grafitis



Desde cualquiera de los once miradores –da Graça, de Santa Catarina, de Santa Luzia, de São Pedro de Alcântara, do Castelo,…- Lisboa muestra, entre tejados, sus plazas, avenidas y el entramado de calles que desde la Baixa, Restauradores y la Avenida da Liberdade se encaraman hacia Barrio Alto, la Graça,… Internarse por ellas, con sus escalinatas, cuestas, arcos y callejones te descubre la vida cotidiana, el ir y venir de sus tranvías escalando pendientes y encogiéndose en las estrecheces de las “ruas”. Y a menudo, la historia, y sus esplendores, se reflejan en las fachadas, espejo de elegante capital europea.
















Teatro Eden. Magnífica representación de la arquitectura Art Decó
El edificio preferido de mi amigo Pedrito

A este viajero, que gusta de pasear sin prisa, esta ciudad le mostró también, sin ningún pudor, sus intimidades. En ventanas,  en los tendales de ropa limpia, en el colorido de sus grafitis callejeros  y el testimonio mural de filósofos anónimos, descubrí la huella más personal de los moradores de sus barrios.






























  



Aquí y allá me crucé con lisboetas absortos en su quehacer, leyendo la prensa, comprando fruta, en el tranvía, trabajando, sentados, en el balcón, en la ventana… y, ¡sorpresa!, limpiando la plaza. Y es que … cuando hay confianza, pasas hasta el fondo y terminas compartiendo lo recóndito y lo cotidiano.



    


















Mi Lisboa (3)