Por Castilla siguen el rumbo de la Vía Láctea, siempre en
dirección este-oeste. Por la ruta del norte, muchas noches son nubladas como
los días y no se ven las estrellas. En bicicleta o a pie, a veces en solitario,
de pueblo en pueblo, haciendo camino, rememorando los tiempos en los que en un
día no se llegaba al destino, cuando el camino siempre tenía inexorablemente
varias etapas, demasiadas veces, penosas etapas. Caminantes, viajeros…
convertidos en peregrinos por el hecho de ir, como lo hicieran muchos
cristianos durante siglos, hacia el “Campo de las Estelas” (Compostela), el rincón de Galicia donde está enterrado Santiago.
Para los del lugar son sólo gente que como llega se va. Transeúntes a los que ven
pasar. Viandantes que de tanto pasar convierten el camino, la familiar carretera
local, nada menos que en etapa del Camino de Santiago, y hacen que el nombre
de su barrio y de su pueblo figure en guías escritas en varias lenguas.
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