miércoles, 6 de abril de 2011

Racing

   Una mañana, cualquier mañana, entre semana. La gente acude al campo  de futbol de La Albericia. No se celebra ningún encuentro. Es un entrenamiento habitual del equipo del Racing de Santander. Los espectadores, algunos asiduos en muchas jornadas y otros ocasionales, se dan cita para ver a su equipo. Jubilados y ociosos aprovechan para debatir sobre el último partido, discrepar de tácticas y dejar claros sus amplios conocimientos del balompié. Los jóvenes, ellas y ellos, son menos asiduos y acuden junto al césped  con la intención de ver de cerca a sus admirados. Otros, simplemente, vienen a  pasar el rato.




   Mientras, ajenos a la presencia de espectadores, Pedro se esfuerza para que los porteros estén en las mejores condiciones físicas y técnicas y Marcelino lucha por conseguir la máxima sincronización y eficacia del equipo y la alta moral de los jugadores. Al fin y al cabo, será durante el fin de semana y con un público apasionado y más entregado, cuando tiene que dar su fruto el entrenamiento.   

lunes, 4 de abril de 2011

Soñando

1 de abril.
Viento sur. Hace más calor que en agosto y el ambiente está seco. El sopor de la tarde me nubla la mente. Mi cuerpo se relaja. Cae el sol tras el horizonte, se cierran mis párpados, ¿me invade la noche?
  Me sorprende  entre las tinieblas. No dice nada, solo mira… Olas rubias sobre sus hombros. Alicia.
Sentada está la reina, serena, rojo sobre negro, pálida, corazón, corazones.
El Sombrerero… en la oscura noche con ventanas de fuego, de luces. Elegante, pelirrojo… ¿estoy soñando un cuento?


  Amanezco junto al río. Donde los árboles nacen del agua y tienen piernas blancas. La nieve tiene pétalos,  las estrellas nacen en el suelo, las ramas brillan de amarillo y un sombrero de tejas y flores moradas contemplo a través de una ventana. Vuelo desde las peñas sobre verdes campos castellanos… ¿estoy soñando un paisaje?
 
















Contemplo animales  pintados en las paredes. Rojos, ocres. Bisontes, ciervos. Me rodea el fuego, un incendio, una antorcha. Me acerco al sol. Miguelón y Elvis me observan desde la oscuridad y El Cid, a caballo, me contempla desde la otra orilla del río… ¿estoy soñando la historia?






  Despierto. Es lunes 4 de abril. Hora de ir a trabajar. La Semana de la Imagen, las Hoces del Rudrón, el Museo de la Evolución Humana,  o..., tal vez,... ¿he soñado el fin de semana?

jueves, 31 de marzo de 2011

La vieja foto


Magnífica esta vieja foto. Y más teniendo en cuenta que fue realizada, como figura al dorso, en 1944. Lo que no figura es, como encontramos en algunas fotografías antiguas, el sello o nombre del establecimiento o del fotógrafo que realizó la toma.
Lo que si sé es donde se jugaba el partido, no porque reconozca el sitio, que hoy resulta totalmente desconocido, sino por simple trasmisión oral. El portero que parece no poder impedir el gol era mi abuelo materno, José Herrera Fuente, gran aficionado a los deportes, especialmente el ciclismo.
El campo era Los Arenales, que estaba situado, según he podido averiguar, hacia la mitad de lo que es hoy la calle Castilla de Santander, recién rellenada la marisma y lejos aún de convertirse en la zona tan poblada en que se convirtió en los años 60.


sábado, 26 de marzo de 2011

En la orilla opuesta

Uno de los accesos al polígono de Raos rodea un trocito de la antigua marisma que fue rellenada  para hacer el aeropuerto y las carreteras. Un trocito de marisma que sobrevive entre la A67, la S10 y el ferrocarril y donde, según la época del año, se pueden encontrar allí establecidas, imperturbables a la locura circulatoria que les rodea, distintos tipos de aves. La garza y varias ánades son muy habituales, pero también es fácil contemplar cormoranes y una pareja de fieles cisnes.
Lástima que ayer, al atardecer, cuando me acerqué con la cámara para intentar captar su silueta y su reflejo en el agua, la garza se alejó a la orilla opuesta.


























Ya entrada la noche, me entretuve en capturar las luces de la ciudad y del puerto que se reflejan en las oscuras aguas de la bahía. Ante tantos destellos, y sin apenas viento que les meza, los botes fondeados en ésta zona pasan desapercibidos en la penumbra y no se volverán visibles hasta que se escondan los resplandores empujados por la claridad del amanecer. De nuevo la silueta y su reflejo estaban en la orilla opuesta.



jueves, 24 de marzo de 2011

Muchas gracias

A una semana para viajar a India, y como se trataba de un recorrido con el fin de hacer fotografías, pensé en la posibilidad de compartir las imágenes del viaje. Recordé los reportajes que, como colaborador, había enviado al diario Alerta, allá por los finales de los años 70 y principio de los 80, desde lugares tan dispares como África o Laponia en invierno. Entonces había enviado los negativos y los textos por correo, o en mano gracias a amables pasajeros de aviones, o por valija diplomática,…  
Ahora con las nuevas tecnologías e internet las cosas podían ser más fáciles, así que decidí hacer un blog, a modo de experimento…
¡Qué éxito! En los 18 días de viaje tuvo casi 2.500 visitas. Así que decidí seguir “colgando” ocurrencias y, sobre todo, compartiendo fotos.
Hoy ha llegado, paso a paso, a las 4.000 visitas así que debo ser agradecido con los que me siguen, los que me leen o los que, de alguna manera, dan sentido a este blog.
Muchas gracias

lunes, 21 de marzo de 2011

Perigeo y apogeo

Son términos que denotan puntos opuestos, pero que estos días han concurrido a la vez en mi jardín.
Del perigeo en la órbita lunar nos hemos enterado todos, lo hemos comprobado en el alto coeficiente de las mareas, especialmente con las espectaculares bajamares. Pero no hemos podido verle la cara a la luna lunera, que nos anunciaron estaría más radiante y vistosa, ahora que luce llena. Cosas de los cielos nubosos de esta tierra. Pero, aunque fuera en creciente y con la ayuda de un telescopio terrestre –esos para mirar aves-, ya se había dejado fotografiar desde mi balcón.





















El apogeo, como “punto culminante de un proceso”, está sucediendo en un peral, el tempranero “peral de San Juan”, ese que da ricos perojos y que estos días se viste de blanco pleno de flores. Madrugador árbol que no pierde un día de primavera para dar envidia de su elegancia mientras otros, como la vecina higuera, se esfuerzan con sus brotes anuales. Eso sí, su blancura no le durará mucho, pronto perderá el color al caerse sus pétalos para que allá por junio degustemos sus frutos.






domingo, 13 de marzo de 2011

Amaya


















Dicen los expertos, los que saben leer en las piedras la historia pasada, los que perciben en la tierra las huellas de quienes pasaron por el lugar, los que divisan los rescoldos de la batalla cientos de años después, que sobre estas peñas se edificó un pueblo con sus casas y sus defensas amuralladas. Hogar de cántabros, aquellos que quiso someter Augusto, que gustaban de encaramarse en la peñas, protegidos por murallones naturales desde donde divisar la llanura, la que siglos después tomara el nombre de castilla. Y allá arriba, a 1.200 metros sobre el nivel del mar, hace 2.000 años, fueron sometidos por el ejército del Imperio Romano camino del Cantábrico, sus casas arrasadas y sus hogares reducidos a escombro.

Y dicen los expertos, los conocedores de la historia, que en este mismo lugar, de aquellas cenizas, surgió de nuevo otro pueblo. Otro Amaya que durante varios siglos continuó siendo morada de  generaciones. Y creció y, de nuevo, se hizo importante. Pero, allá por el siglo VIII, otro gran ejercido, en esta ocasión de musulmanes  en plena expansión de sus dominios, a espada y fuego volvió a hacer añicos la población y arruinar las vidas de los sobrevivientes.










Hoy todavía, sobre la peña, hileras de escombros de piedra recuerdan calles y casas. Algún arbolito lucha por prosperar. Y debajo, al pie de los farallones, rodeado de campos de cultivo y con medio centenar de almas, el pueblecito  de Amaya sigue manteniendo habitada la zona.