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martes, 4 de marzo de 2014
miércoles, 9 de enero de 2013
Amanece
“Si las estrellas te iluminan
y te sirven de guia,
te sientes tan fuerte que piensas que nadie te puede tocar.
Amanece tan pronto
y yo estoy tan solo,
que no me arrepiento de lo de ayer”
y te sirven de guia,
te sientes tan fuerte que piensas que nadie te puede tocar.
Amanece tan pronto
y yo estoy tan solo,
que no me arrepiento de lo de ayer”
Maldito duende
Héroes del silencio
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| Secuencia del amanecer del día 9 de enro de 2012, desde Raos (Cantabria) |
No siempre el viaje es en el espacio. El viaje en el tiempo, a veces, puede resultar enriquecedor, especialmente para el espíritu. Hacer el recorrido desde la noche al día, cuando el aire está sereno y la luz se hace cómplice, nos traslada al otro lado del mismo sitio, nos lleva de la monotonía diaria a un nuevo descubrimiento del “aquí”.
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Maldito duende,
Raos
martes, 20 de septiembre de 2011
Días como hoy
Uno se levanta perezoso los días laborales. Siempre el cuerpo pide unos minutos mas de reposo, un ratito mas de cama mientras se calcula cuánto falta todavía para el fin de semana… Ducha, café,… y con el tiempo justo, al trabajo. Rutina de viaje. Llegar, fichar,… y a ver qué tenemos hoy.
Pero hay días como hoy que algo rompe, al menos levemente, la rutina:
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| Inmediaciones del polígono de Raos, al sur de la Bahía de Santander, hoy al amanecer |
sábado, 26 de marzo de 2011
En la orilla opuesta
Uno de los accesos al polígono de Raos rodea un trocito de la antigua marisma que fue rellenada para hacer el aeropuerto y las carreteras. Un trocito de marisma que sobrevive entre la A67, la S10 y el ferrocarril y donde, según la época del año, se pueden encontrar allí establecidas, imperturbables a la locura circulatoria que les rodea, distintos tipos de aves. La garza y varias ánades son muy habituales, pero también es fácil contemplar cormoranes y una pareja de fieles cisnes.
Lástima que ayer, al atardecer, cuando me acerqué con la cámara para intentar captar su silueta y su reflejo en el agua, la garza se alejó a la orilla opuesta.
Ya entrada la noche, me entretuve en capturar las luces de la ciudad y del puerto que se reflejan en las oscuras aguas de la bahía. Ante tantos destellos, y sin apenas viento que les meza, los botes fondeados en ésta zona pasan desapercibidos en la penumbra y no se volverán visibles hasta que se escondan los resplandores empujados por la claridad del amanecer. De nuevo la silueta y su reflejo estaban en la orilla opuesta.
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