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miércoles, 20 de julio de 2011

La noche antigüeña

Varias horas después de ponerse el sol, los fieles terminan sus rezos en la iglesia de La Merced, una de las pocas que quedan en uso en Antigua y cuya fachada principal, amarilla con decoración blanca, es objeto de obligada visita para los turistas y viajeros. En la plaza se elaboran tortillas y se cocina a demanda para regresar a casa cenados tras las últimas oraciones del día. Por las calles la lluvia en el empedrado refleja los edificios, especialmente el famoso arco, símbolo de la ciudad, y los restaurantes encienden su colorido reclamo.  En el Parque Central, la iluminación ornamental de la Catedral y el Palacio de los Capitanes engrandece su belleza en la oscuridad.






Pero al alba, cuando aún no se han apagado las farolas, la claridad del amanecer ya ilumina el Volcán del Agua, el que escupió la primera tragedia de la ciudad y silueta siempre presente desde cualquier esquina.


jueves, 7 de julio de 2011

Cuando el volcán se esconde

Cuando el volcán del Agua se esconde tras las nubes y el calor mañanero aprieta, es posible que por la tarde la lluvia caiga torrencialmente durante un rato.




Eso nos pasó en Antigua, capital guatemalteca hasta que fue destruida por los terremotos de 1773. Visitando la ciudad con las ruinas del Convento de las Capuchinas, el Parque Central, el Palacio de los Capitanes,… no pudimos contemplar la perfecta silueta del volcán del Agua, figura inconfundible en el horizonte. Un sol vertical que reducía nuestra sombra caldeaba el ambiente. Pero todo cambió por la tarde. Unos truenos anunciaron la fuerte lluvia que durante unos minutos cayó con fuerza, empapando los adoquines y formando pequeños riachuelos por las calles.
















Pero Antigua siguió ofreciendo sus colores, la rectilínea traza de sus calles, su arquitectura colonial y la animación de sus gentes.









miércoles, 6 de julio de 2011

Colores, olores y sabores

 A estas alturas es sabido que a este viajero le gusta visitar y recorrer los mercados allá por donde va. Próximo al Parque Central, junto a la catedral y al Palacio Presidencial, se encuentra el Mercado Central. Un buen comienzo para sumergirse en la vida cotidiana de la ciudad.



La planta inferior, la de alimentación, es un derroche de color y no solamente por las frutas, verduras y flores que allí se venden, sino también por el colorido de la ropa de algunas vendedoras. Allí también nos envolverá una mezcla de aromas, más que de los productos en venta, de los pequeños restaurantes que satisfacen las necesidades de vendedores y clientes a la hora de la comida.












Para acabar el recorrido, era necesario degustar algunas de esas frutas que, por desconocidas o no habituales en mi tierra, se me antojan exóticas. Delicias dulces y jugosas como la guanaba, rambután, mamey o pitaya, de una llamativa carne morada.



 

Menos animada estaba la zona de carnes y pescados, pero con atentos vendedores dispuestos a ofrecernos sus mercancías.