Las encontré arriba de Pas, donde antaño cada primavera y
cada otoño familia y animales hacían la “muda” –de la casa “vividera” del valle
a la cabaña de los pastos altos y viceversa-, donde de vez en cuando bajan de
visita las nubes. En su pueblo de San Pedro del Romeral, en un local del ayuntamiento.
Allí, varias
mujeres de diferentes edades aprenden por primera vez, y, en algún caso, “reaprenden” lo que
dejaron de practicar de pequeñas, el arte de hilar. El arte de convertir las hebras de
lana en hilo para tejer. Retoman el huso y la rueca, alguno incluso
heredado de la abuela y que dormía el sueño del olvido en el desván, para, siguiendo
las instrucciones de Caridad Callejo, recobrar esa técnica ancestral del hilado. De nuevo
sus dedos juntan las fibras mientras el huso baila en el aire recogiendo cada
nuevo palmo de hilo, de nuevo la rueca marca el ritmo, gira y gira creando
madejas, todo a la vieja usanza, con la destreza y el lustre de las cosas
hechas a mano. Con la ilusión de convertirse en depositarias de un conocimiento ancestral.
Cari –Caridad- desde su taller de su pueblo de San Vicente
del Monte, en Valdáliga, ha compartido sus conocimientos de hilandera –la
última que quedaba- por media geografía española como ahora lo hace por tierras pasiegas, colaborando en la
recuperación de la técnica del hilado, en su retorno a la forma manual y la
puesta en valor de éstas tareas artesanas.
Que maravilla conocer a gente que sigue reanimar las antiguas labores.
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