Treinta casetas de pino tienen que ser. Lo dice la Normativa Municipal. Cajas de libros se me antojan a mí. Cada día se abren para ofrecer a los asiduos y a los esporádicos, letras y más letras, páginas y más páginas. Papel deslucido por el paso del tiempo y por el, quién sabe cuánto, manoseo de ávidos lectores. Viejas encuadernaciones y “de bolsillo”, láminas y grabados, tratados trasnochados, teorías desfasadas o de actualidad, joyas escondidas, interesantes rarezas o publicaciones de interés en otra época, incluso antaño temáticas de moda y hoy de escaso interés… recorrido, al fin y al cabo, a través del tiempo.
Es el lugar de cita de lectores rebuscados, de lecturas baratas –aunque usadas-, de coleccionistas, de curiosos o caprichosos. Siempre la Cuesta de Moyano será un hito en una ciudad donde grandes librerías, y otras no tan grandes pero muy especializadas, ofertan todas las publicaciones, todos los libros.
Madrid (1)
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