martes, 15 de julio de 2014

De puertos y arenales


Desde Bermeo, en la ría de Urdabai, por donde llega al mar el Oka, hasta la playa de Zarauz, se suceden por toda la costa algunos arenales y pequeños puertos que se acurrucan entre los acantilados. Las desembocaduras del Artibai, el Lea , el Deba o el Urola son el refugio idóneo de las embarcaciones con las que se forjaron durante siglos, a golpe de galernas, los rudos pescadores; antaño diestros cazadores de ballenas, ahora hábiles atuneros; y también los experimentados navegantes del Cantabrico. Son puertos que huelen a historia, pequeñas dársenas que se han ido ganando al mar construyendo espigones que detienen el embiste de las marejadas. El hogar de generaciones que vivieron siempre mirando al norte, mirando al horizonte recto del océano; unos, para salir a faenar en cuanto hiciera buena mar; otros, esperando el regreso de los suyos cuando amenazaba temporal.
 
Bermeo


 





Mundaka
 







Lekeitio


 










Mutriku










Deba










Zumaia










Guetaria










Zarauz












Fotografías realizadas en junio de 2014
(Costa Vasca 5)

domingo, 6 de julio de 2014

De San Telmo a San Juan de Gaztelugatxe


Desde la ermita de San Telmo, en la guipuzcoana Zumaia, hasta San Juan de Gaztelugatxe, en la vizcaína Bermeo, se extiende uno de paisajes más espectaculares de la costa vasca. Sesenta millones de años se perpetúan en los "flysch" y los estratos que afloran a lo largo del litoral en lo que han dado en llamar el “Geoparque”. No es posible diferenciar en esta zona mar y montaña, porque estas, prácticamente, se despeñan sobre el mar para formar altivos y empinados acantilados y las olas rompen al pie de los  altos, muy por debajo de las verdes cimas. Formas y colores, pliegues y distintos tipos de roca, crean el perfil ribereño donde solo la desembocadura de los ríos suaviza el relieve, coincidiendo también con playas y arenales, y ha permitido, con el paso de los siglos, el asentamiento humano y la creación de pequeños puertos.
 


                                                     Ermita de San Telmo en Zumaia
 




                                                                Playa de Itzurun












                                           Puntas de Sakonetato y Aitzuriko













                                            Faro Nuevo del Cabo de Matxitxako



                                         Cabo de Matxitxako con el Faro Viejo y el Faro Nuevo



                         Isla de Akatxa y San Juan de Gaztelugatxe desde el Cabo de Matxitxako




                                                        San Juan de Gaztelugatxe




                                                   Panorámica de San Juan de Gaztelugatxe


                                     Fotografías realizadas en junio de 2014
                                     (Costa Vasca 4)

martes, 1 de julio de 2014

La Leyenda de la Hilandera

 
Fue a los viejos pescadores de Deba, cuando paseaba por el puerto, a los que oí hablar por primera vez de la leyenda. Quedé intrigado. Luego, Antxon, un joven  que encontré sentado en la costa contemplando la caída del sol, me contó todos los detalles. De cómo las bellas Andrea Madalen, viuda de la histórica casa-torre de Zubelzu, y su hija Katalintxu, salvaron del linchamiento en el arenal de Deba a un naufrago francés. El joven resultó ser Gastón de Chatelnauday, hijo del Vizconde d’Aprefort, fallecido dos años antes y acérrimo enemigo de  los marinos vascos.
Me contó Antxon que Gastón y Katalintxu se enamoraron. Así que cuando el joven francés tuvo que regresar tras recibir un mensaje de su madre exigiéndole su vuelta o le repudiaría como hijo y se le consideraría traidor a la patria, la pena invadió a la pareja y prometiron reunirse, incluso, mas allá de la muerte. Con la ausencia, pronto la débil Katalintxu enfermó  y su madre decidió partir con ella a Francia para reunirla con su amante. Unos días antes de emprender viaje,  fondeó en la bahía una nave inglesa. El contramaestre comunicó a las damas la trágica noticia de la muerte en batalla de Gastón, y entregó a Katalintxu un crucifijo manchado de sangre. La joven sufrió una recaída y falleció. Su madre, enloqueció de dolor y dedicó su vida a los pobres, los enfermos y, sobretodo, a la oración ante la tumba de su hija mientras hilaba con la rueca.
En la iglesia parroquial de Deba, asegura Antxon, permaneció muchos años la rueca y, tras la lápida con los escudos de armas de Zubelzu, descansan desde hace siglos Andrea Madalen y su hija Katalintxu, quien cumplió con celeridad la promesa hecha a su amor Gastón de reunirse con él, incluso, mas allá de la muerte.
 











                                                    
                                              Fotografías realizadas en junio de 2014
                                              (Costa Vasca 3)