No sé por qué bautizaron ese lugar con el nombre del Infierno,
pero he podido comprobar que en realidad es un autentico paraíso. Ni la nominación
de Diablo a un lugar próximo justifica en mi opinión tal término. Es mas, estoy
por afirmar que no encontré ningún rincón merecedor de tan menospreciado calificativo a lo largo del
camino recorrido pese a que, fuera de allí, si se estaba sufriendo una bochornosa jornada de julio. Y
es que en ese paraíso verde, en pleno Parque Natural del Saja-Besaya, la exuberante
vegetación hace que la temperatura descienda bastantes grados y el frescor del ambiente anima el
cuerpo y alegra el espíritu.
Entrando en el Infierno
En la zona baja, los arándanos ya están maduros
Remontando el río Saja desde el Pozo del Amo o la Jaya
Cruzá, la senda recorre el Desfiladero del Infierno por un espectacular hayedo.
A partir de Tramburríos, acompaña constantemente el ruido de la corriente y de
las innumerables cascadas que se forman en el continuo despeñarse del cauce. Es
un bosque autóctono con hermosos ejemplares de robles y abedules, tapizado de
musgo, helechos, espinos y multitud de variedades
de líquenes, además de arándanos ya maduros para deleite de caminantes.
Sigue el camino remontando la Canal del Diablo, aguas arriba del Cureñas, bajo la inconfundible silueta de Los Molinucos del Diablo. A menudo, grandes bloques de aglomerado cuentan los milenarios procesos de su formación, desde la lenta erosión de sus rocas golpeadas por las corrientes para convertirse en cantos rodados, su compactación y elevación formando montañas, hasta la actual fragmentación y desprendimiento para volver a ser cantos sueltos.
Más arriba, la abundante presencia de brezos y escobares anuncian la proximidad de la Braña de Cureñas. A partir de ahí el bosque desaparece para dar paso a los altos pastos de los Cantos de la Borrica, los famosos puertos de Sejos donde conviven en los estíos la cabaña ganadera de la Mancomunidad Campo-Cabuérniga (con mas de 500 años de antigüedad) y la amplia presencia de venados, jabalíes y corzos.
Sigue el camino remontando la Canal del Diablo, aguas arriba del Cureñas, bajo la inconfundible silueta de Los Molinucos del Diablo. A menudo, grandes bloques de aglomerado cuentan los milenarios procesos de su formación, desde la lenta erosión de sus rocas golpeadas por las corrientes para convertirse en cantos rodados, su compactación y elevación formando montañas, hasta la actual fragmentación y desprendimiento para volver a ser cantos sueltos.
Más arriba, la abundante presencia de brezos y escobares anuncian la proximidad de la Braña de Cureñas. A partir de ahí el bosque desaparece para dar paso a los altos pastos de los Cantos de la Borrica, los famosos puertos de Sejos donde conviven en los estíos la cabaña ganadera de la Mancomunidad Campo-Cabuérniga (con mas de 500 años de antigüedad) y la amplia presencia de venados, jabalíes y corzos.
Los Molinucos del Diablo
Fotografías realizadas el 20 de julio de 2013
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